Un lugar para el encuentro

Texto Inspirado e Inspirador (Quina Rebollo)

No hace falta buscar en maestros y maestras externas, a veces, la sabiduría fluye del corazón de alguien cercano como lo es nuestra compañera Quina Rebollo, quien nos regala este precioso texto:

Wakan Tanka, Gran Misterio…así llaman los indios lakotas a esa fuerza que encarna la idea de centralidad, de gran matriz universal, principio de todo que genera una realidad continua que se manifiesta en todas las cosas y seres que pueblan la tierra.

 

El Gran Misterio que se expresa en toda su amplitud y dinamismo creador, mediante un diálogo interminable entre la Madre Tierra y el Padre Cielo, fruto del cual surge la integración de ambos en un armonioso equilibrio entre lo físico y lo espiritual que es para ellos una manera de vivir, de ser y estar en el mundo, y a la que llaman “Caminar en la belleza”.

 

Así toda la existencia es natural, y es plenamente aceptada y vivida, armonizada en ciclos perpetuos de muerte y nacimiento, en un proceso incesante de transformación de la vida, pues nada tiene fin ni principio. El flujo de la existencia acontece y se mueve en un tiempo espiral donde no hay fronteras rígidas entre los estados del ser, donde todas las experiencias conviven para que se puedan dar sus más variadas formas en este plano.

 

No hay evolución, ni esfuerzo, pues el tiempo no es lineal, sino lento y orgánico, y todas estas manifestaciones de la vida y la naturaleza, se enraízan en el gran flujo cósmico, con su propio ritmo y sentido. El tiempo es sustancia de infinito presente. El esfuerzo, la mejora, el progreso es una ilusión de la mente racional atrapada en el principio de causa y efecto.

 

En esta visión del mundo, donde el ser humano se inserta en la naturaleza sin violentarla, formando parte de ella y acorde a su proceso, prevalece la búsqueda de la armonía y el equilibrio entre las partes que la integran.

 

Cuando no es así, cuando vivimos disociados de la naturaleza, la externa y la propia, como es lo habitual en nuestras sociedades actuales, sentimos en el fondo de nosotros mismos un eco, un recuerdo sutil, que podríamos denominar “nostalgia de la unidad”. Podemos sentir adentro la presencia de la ausencia, o la ausencia de la presencia, esa herida que nos une con la Fuente originaria, la que aviva el deseo de infinitud que va unido, paradójicamente, a la experiencia humana de la finitud y el límite.

 

Una herida para la que buscamos culpables, y de la que rápidamente responsabilizamos a lo exterior, a las circunstancias, al comportamiento de los demás, incluso a nosotros mismos. Y no nos damos cuenta, que la única herida es estar en la lucha y el esfuerzo interminables, pues no hay nada que alcanzar o conseguir. Absolutamente nada, porque todo lo necesario está ya aquí. Al alcance de la mano y de manera inagotable y gratuita.

 

Quina Rebollo

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